Nos han vendido la idea de que la vida, en su infinita misericordia, nos dará una “segunda oportunidad”.
Pero eso es una fantasía.
Una trampa emocional.
Un consuelo bonito para no mirar de frente lo que realmente ocurre: la vida no se detiene, ni retrocede.
La verdad es otra.
Más cruda, más honesta, más poderosa:
Nuestra segunda oportunidad nos fue dada en el segundo 2 después de nacer.
Desde entonces, hemos recibido millones más.
Cada segundo que pasa es una nueva oportunidad.
Cada instante de consciencia es una invitación a elegir diferente.
Cuando arruinas una relación, no necesitas esperar a que el universo te dé otra oportunidad.
La tienes en el siguiente segundo, si tienes el valor de hablar.
Cuando fracasas financieramente, no hay que esperar un golpe de suerte.
Cada momento en que respiras es un momento para reconstruir, aprender, ajustar.
Cada vez que sientes el dolor de tus traumas, tienes una elección:
¿Repetir?
¿Negar?
¿O sanar?
No es que las segundas oportunidades estén muertas como los Dodos.
Es que están tan vivas, tan constantes, tan disponibles, que ya no las vemos.
Estamos tan ocupados esperando “otra oportunidad”
que dejamos pasar la que ya tenemos entre manos.
Porque la verdad es esta:
“Quien espera una segunda oportunidad, aún no ha entendido que cada segundo ya lo es.”
No existen segundas oportunidades


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